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Reflexión de Diciembre 2017

Por la reflexión de este mes, yo seleccioné un párrafo de una carta que Elisabeth escribió a la Hermana Goby, solo pocos días después de la Navidad en 1912. Estoy segura que soy como muchas personas que han oído las varias narraciones del evangelio por décadas para la Navidad; reconozco rápidamente la historia común, pero he perdido algún del asombro y temor reverencial de este momento en la historia de la salvación. Cuando leo la nota de Elisabeth me trae recuerdos que la belleza de la encarnación es la que hace posible una de las relaciones más preciosas en la vida de los cristianos. Y está en nuestra sinceridad a nuestra propia relación única con Cristo que sacamos nuestra fuente de fuerza y gracia que nos permite por turno amar y compartir nuestros muchos dones.

Yo también lo encuentro como interesante que la primera virtud que Elisabeth nota en las lecciones de la cuna sea la humildad. A través de Elisabeth mi entendimiento de esta virtud ha sido transformado. En vez de concentrarme en cómo yo soy percibida por otros en demostrando la humildad en palabras y acción, pienso más en reconocer mi propia debilidad y dependencia completa de Dios dentro de mi corazón. De este sitio con perspectiva ventajosa me encuentro mejor entendiendo y identificándome con el abandono y confianza completa de Elisabeth en Dios. Y me pregunto: ¿sin la encarnación, tendríamos un ejemplo de pura humildad a seguir?

El 28 de diciembre de 1911

Querida Hermana, en esa noche sagrada el Niño nació otra vez en nuestros corazones. Ayudemos en su desarrollo místico dentro de nosotras a través de nuestras oraciones y sacrificios y trabajo. Que su crecimiento dentro de nosotras logre la medida más llena de la perfección humana para que él pueda quedarse con nosotras siempre. Que él comparta la vida divina con nosotras, permitiéndonos, pobres y débiles como somos, hacernos mensajeras de su amor en su iglesia y para otros. Entonces durante estas 40 horas nos quedemos cerca de la cuna, la fuente de toda belleza, alegría, y santidad. Que nuestros corazones sean moldeados y transformados por las manos puras del Niño Divino. Luego regresamos con alegría a los cerca de nosotras, rellenadas con serenidad y amor, y capaces de compartir nuestros dones espirituales. Tratemos de alegremente poner en práctica las grandes lecciones de la cuna: la humildad, pureza de corazón, gentileza, mortificación, y pobreza espiritual. Amemos a Jesús, tan bueno y tan generoso, y dejemos expresar nuestro amor por uno al otro en él, y lo haremos siempre, ya que las cosas pasajeras ya no son de interés para nosotras, pero al contrario solo las que durarán hasta eternidad.

Texto de Reflexión de Noviembre 2017

Día de Todos los Santos: 1o de noviembre de 1905

Esta es una fiesta preciosa, la fiesta de los que ya viven en Dios, los que nosotros hemos querido y los que han logrado la felicidad y la luz; es una fiesta de eternidad. ¡Y qué idea hermosa es hacer que la fiesta de los muertos sigue tan pronto! Durante estos dos días una lluvia vasta de oración y amor corre a través de los tres mundos: entre la iglesia en el cielo, la iglesia en la tierra, y la iglesia en la cual las almas esperan y expían. La comunión de los santos parece el doble de estar cerca y ser fructífera. Nosotros sentimos que los muertos y todos los que queremos están cerca de nosotros en Dios; y esta doctrina viva, por la gracia de Dios, da vida a muchos en la tierra y en el purgatorio. Ninguna de nuestras lágrimas, ninguna de nuestras oraciones se pierde; tienen un poder que muchas personas nunca sospechan. Yo quiero pasar este mes en oración, rememoración, pensamientos acerca del cielo, además de en caridad y actividad tranquila, valiente.

Octubre 2017

Este año marca el 151vo aniversario del nacimiento de Elisabeth Leseur. En su diario, Elisabeth muchas veces incluye un escrito en o cerca de su cumpleaños. Escojo este escrito en particular al ser inspirada por la completa confianza en Dios de Elisabeth. Muchas veces le rezo a ella por valentía para seguir su ejemplo.

Octubre 21, 1911

Que traerá este invierno: ¿enfermedad o salud, gozo o sufrimiento? No lo sé, pero sé que sea lo que sea, será bienvenido, porque todo viene de Dios por mi bien y por el bien de quienes he rendido mi vida ante las manos de Dios. En mi debilidad y cansancio, por la gracia de Dios, siempre quiero estar alegre, sonreír a todos, y esconder mi dolor lo más que pueda; olvidándome de mi misma, dándome por completo, y tratando de ser atractiva—para que solo nuestro buen Dios sea alabado.

Me ocupo con ropa y pieles… y hablo sobre ellas para no dar ninguna insinuación de ascetismo. Que miedo tiene el mundo del sufrimiento y la penitencia, ¡y que cuidadosamente tengo que ocultar estos dos tanto como pueda! Mi amabilidad y amor, con la ayuda de Dios, llevaran corazones hacia él que es tan bueno; mis sufrimientos lograran la conquista de ellos; mis oraciones los entregarán a él. O más bien, es Dios quien hará esta obra bendita de sus conversiones y santificación a través de mis oraciones, mis pruebas, y mis simples esfuerzos en la caridad.

Mi salvador, estoy tan sola espiritualmente, como bien sabes. Sabes también cuanto sufro de la hostilidad o indiferencia de ciertas personas. Creo que por eso has hecho tanto por mí y me has dado tanto en tu bondad. Y ahora con tu mirada gentil dispersas las nubes que en estos últimos meses me han eclipsado. Estás reviviendo las llamas de mi corazón nuevamente después de haberlas dejado en dolorosa sequedad; Estas espantando la oscuridad y la confusión. ¡Gracias, mi amado salvador, mi Dios! Sé que el sufrimiento regresara, ya que el esfuerzo y la lucha son tu voluntad para nosotros. Tu amor ha conquistado, y sé que no me abandonarás y que una profunda paz permanecerá en mí. Amar durante la tormenta es muy consolador, y mi amor crece más y más con cada sufrimiento, cada adversidad. Completo abandono a ti, ofreciendo mi corazón y mi vida a tu servicio.

Septiembre, 2017

Septiembre 25, 1899

Nadie sabe qué pasa en las profundidades de nuestras almas. Sentir a Dios cerca, meditar, orar, recolectar nuestros pensamientos para reflexionar en ellos más profundamente, eso es vivir la vida interior, y esta vida interior es la más grande alegría. Pensamientos tan inspiradores, deseos ardientes y resoluciones generosas, sin embargo, tienen que ser traducidos en acción, pues nos encontramos en medio de la vida y grandes tareas nos esperan. Este es el tiempo para el esfuerzo con dolor. Debemos partirnos en pedazos, cambiar al pensamiento por la realidad, enfrentar la acción, sabiendo que vamos a, o no ser entendidos en lo más mínimo o totalmente malentendidos y que quizás sufriremos en manos humanas por haber querido el bien de la humanidad. Tenemos que ya haber reunido fuerzas incomparables de Dios, y haber armado nuestros corazones con paciencia y amor, de modo que emprendamos día a día, hora a hora, el trabajo que pertenece a todos los cristianos; la salvación moral y material de nuestros hermanos y hermanas.

De la página 54 de la obra de Janet Ruffing: “Elisabeth Leseur – Escritos Selectos (Paulist Press, 2005).”

Agosto, 2017

Al acercarnos al final del verano, mientras nuestros amigos y familia se preparan para un nuevo año escolar, escojo esta pequeña reflexión del diario espiritual de Elisabeth. Ella nos recuerda gentilmente que mientras todos respondemos a la llamada del trabajo de nuestra vida, lo hacemos con alegría y amor a Cristo.

Octubre 7, 1912

“Estar siempre atentos a obedecer la llamada interna de este gentil Jesús a actuar o a sufrir, o hacia la eternidad también, cuando sea su voluntad, y responder siempre con alegría y generosidad. ‘Aquí estoy, señor, lista para hacer tu voluntad.’ … Espero y, como el trabajador que no sabe cuándo él o ella recibirá la recompensa final, quiero hasta mientras cumplir con mis responsabilidades de una manera radiante y con paz, solo por amarlo a él, quien lo ha hecho todo por mí.”

Janet Ruffing, Elisabeth Leseur: Selected Writings, Paulist Press, 2005

 

Julio, 2017

Oración para pedir a Dios la virtud de la Esperanza

 “Mi Dios, quien ha permitido la esperanza humana, pero siendo el único que otorgas esperanza cristiana y sobrenatural, te pido suplicante, que, a través de tu gracia, otorgues esta virtud a mi alma, a todas las almas que amo, y a todas las almas cristianas. Haz que ilumine y transforme nuestras vidas, nuestros sufrimientos, e inclusive nuestra muerte, y haz que nos mantenga en alto, a pesar de las decepciones y tristezas del día, una fuerza interna y serenidad inalterable.”

Elisabeth Leseur, escrito por petición de su hermana

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